Calladamente, como en su vida,
nos ha dicho adiós.Que no pudo ser. Desde la dura resistencia de su dignidad,
de su gran dignidad, tuvo que decir Adiós a la Vida ,mi admirado José Antonio Alvaro Hernández.Una
cruel enfermedad nos lo hizo ausente en un nueve de enero, un lunes que
despedía los sentimientos de Navidad como una cadencia que obligaba a retomar
la rutina del día a día. No había cumplido aún, los cincuenta y nueve años.