La Villa de Atienza estuvo rodeada de fuerte muralla desde los primeros momentos en que los reyes de Castilla se hicieron dueños de ella, comprendiendo el gran valor estratégico del enclave. Aún se ve casi entera la ciclópea cintura de piedra y argamasa que rodea la meseta en la que está la iglesia de Santa María del rey. Tenía numerosas puertas y portillos, de los que, entre otros, quedan restos del Arco de Guerra.