Al pie mismo del Castillo, en su vertiente occidental, era este lugar el barrio más importante cuando se construyó esta iglesia. Hoy sirve de cementerio de la villa. Se levantá este templo a instancias de Alfonso I de Aragón, y a él debe el apelativo que tiene. Es obra de comienzos del siglo XII. Su portada principal, orientada al sur, es obra grandiosa del románico atencino. Se trata de una profusa serie de múltiples arquivoltas concéntricas, siete en total, cubiertas por una densa masa iconográfica de personajes y figuras, unas en sentido radial, y otras siguiendo la línea de los arcos, apareciendo santos, ángeles, demonios y un largo etcétera de iconografía medieval.