Suena Emmilou Harris a mi lado izquierdo, la noche se recoge repleta de sensaciones que están transmitiendo a lo loco los
vencejos que cual escuadrillas de zeros nipones, surcan el cielo.
La calma que me sugieren anécdotas recientes espero que reposen el alocado aleteo
y acrobático desafío de esos simpático dueños del aire.
El domingo fue la Caballada, la contaremos
más adelante, ahora un par de anécdotas. Llamo a mi madre, la
Juanita para contarle cómo ha ido la fiesta, y para
hacerle una broma, pongo voz para
engañarla, y me responde, qué tal hijo?, mamá me has conocido, pues cómo?, hijo
me lo dicta el corazón.
Carlos, el abad de la Caballada, abad y
hermano de la Cofradía,
en la homilía del domingo de Pascua. La madre en la cocina, Carlos, lee en un
texto escolar, ese texto dice que Dios nos quiere incondicionalmente. Recuerda
el abad en esa homilía, que le preguntó,
mamá qué quiere decir que Dios nos quiere incondicionalmente? Pues hijo es lo que me pasa, que no hace falta que
hagas nada para que yo te quiera.
Pues como le ha pasado a este mes
feliz en la trayectoria constante de los días en Atienza. Atienza no le hace falta que haga nada para quererla.
ADIOS A RUPERTO Y A PILAR
Resulta que poco después
de la fiesta de la
Virgen de los Dolores,
Ruperto Collado muere con la misma paz que derramó a su alrededor en vida. Le hicimos un entierro como se merecía, la mejor persona que un
servidor ha conocido en Atienza, la mejor de muchas de muchísimas buenas personas, como Pilar
Hijes, madre de nuestros amigos de la infancia ,Goyo, Julio, Milagros y Loli,
en el lugar de los recuerdos cálidos, es muy difícil que haya un instante de
mala temperatura. Descansen en paz.
SANTAS ESPINAS ESPECIALES
Las Santas Espinas han tenido
este año una innovación, los fieles, han ocupado el lugar del sacerdote en la
lectura de los textos de la novena. Mariano Cabellos, el prioste lee la del
último día, ya lo había hecho, dos días antes, con la emoción de cerrar el ciclo novenal.
El sábado la fiesta de las Santas Espinas se torna
música, fiesta y algo increíble.
En la fiesta de las Santas
Espinas se conjuntan, regalo sin duda de
las Sagradas Reliquias diversas actividades que hacen
a Atienza Joven y atractiva. Primera Jornada de los jóvenes de Atienza, a
través de su Asociación Juvenil de Atienza y su revista ‘Atienza Joven’
Deporte, música, paella para nada
más que trescientas personas, en el frontón y luego de recogerse a otras actividades, música en la Plaza del Trigo, los
Bodegos y disco nocturna en el mismo
frontón.
Mientras tanto por la mañana en la Plaza del Trigo una colección de coches antiguos, los R
8, mostraban sus viejas carrocerías en
un pulmón y motor muy bien conservados,
era la etapa de XV viaje de los amigos
de aquel viejo trasto donde era tan difícil hacer el amor como en un Sinca mil.
Soberbia respuesta de la
población y entre medias una actuación musical de calidad. Una exposición de
pintura en el Salvador, de Mariano de la Concepción , sobre el románico de Atienza y
Comarca, preciosa, daba paso a un concierto musical de especial calidad.
Marta Peral, impulsora de la
iniciativa de actividades entorno a la promoción de Atienza
decide regalar a las Santas
Espinas un concierto de música castellana.
El poema musicado de la epopeya
de los Comuneros se vuelve sonido de
dulzainas, guitarra, laud, voz de personas ya mayores y de repente parece que
somos tristes supervivientes de la
crueldad realista. No se imaginan cómo sonaba bajo la fuerte muralla del
solecito las jotas, las ruedas, los ecos de Castilla en un momento de emoción.
Nos hicieron gozar de la buena
música castellana los vallisoletanos de ‘Tierras Propias’ y los dulzaineros
de ‘Campos de Mielgas’
Para aliviar las penas de la
derrota, al sonido de ‘Desde entonces ya Castilla... no se ha vuelto a levantar’,
los dulzaineros de ‘Campos de Mielgas’ nos llevaron a la Trinidad, a la Novena, el embrujo musical
del trayecto, tuvo un añadido mayor, una misa castellana que sonaba en las
bóvedas de la iglesia, a dulce sueño de
Castilla, vamos lo que debería escuchar Teresa de Jesús en su Ávila de sus trayectos y preocupaciones y
fundaciones.
Las carmelitas, hijas de las
fundaciones de Teresa de Cepeda y
Ahumada, tenían costumbre de ser buenas reposteras y se les daba muy bien el delicioso preparado
del chocolate, recién llegado de las Indias. Pues las Santas Espinas, por la
noche, después del Miserere, invitan a todo el mundo a una grata chocolatada, con
churros y bizcochos, en el patio de la Trinidad. Acompañaron
otra vez los músicos de ‘Campos de Mielgas’.Aquí acaba la faena del sábado. El
domingo, las campanas despiertan a la población con sus toques. El sonido de
las campanas de la Trinidad son como la voz de Arturo Kraus, como la dulzura
fuerte de Pavarotti cantando ‘E lucevan
le stelle’ de Turandot. Son en su canto
de bronce como el coro de los gitanos de ‘Il Trovatore’
Uno cuando oye esas campanas,
recuerda como un sacerdote santo
Eggidio, Bianchi, a quien tuvo de educador, le recordaba la pena que en el norte de Italia supuso que los austriacos en la primera guerra
mundial, cuando él era un niño, derriban
las campanas de las iglesias para hacer
cañones con su bronce.
Le han cogido envidia las de san
Juan a las de la Trinidad,
y don Agustín ha mecanizado ambas campanas de la iglesia, suenan perfectas y hacen un contrapunto musical a las graves voces,
con las suyas más suaves, a las fieras
convocadoras de sentimientos de esa Trinidad.


857 AÑOS DE CABALLADA
Ahora nos toca La Caballada. Se
cumplió el rito del día de san Isidro,
como ordenan los usos y costumbres. Tras la misa, procesión y junta, no hubo
novedad en el listado de hermanos. No
hubo incorporación de savia joven.
El día de la Caballada, pues como siempre, aluvión de emociones, afectos,
fidelidades y la sensación de vida que esta fiesta transmite.
El sábado de Las Siete Tortillas,
un clima excepcional, unos veinticuatro grados, permitió, sugirió a la gente
acercarse a la Estrella.
Allí Sergio Somolinos de Marcos,
joven prioste hacía perdurar la memoria
de sus seres más queridos, el primero, su padre, Higinio, que en paz descanse,
luego sus dos abuelos, Higinio y José, seises de la Cofradía ambos
fallecidos, sin duda descansando cerca de Dios con lo mejor de nuestras
gentes, histórica imagen de esta
agrupación gremial de sentimientos y esfuerzos.
Se hicieron todos los ritos, y se
cumplieron todas las ocupaciones, y al final no nos salió mal la Salve a la Virgen de la Estrella.
A la noche le dio por escuchar música
castellana. La seguimos el capricho y nos deleitamos con los dulzaineros de Mirasierra, Cantalojas
alma mater del grupo y regencia serrana de las emociones,
y compartimos vino, chorizo, jotas, valses, pasodobles y amistad y a la
cama que mañana hay que montar a caballo.
Amanece la Pascua de Pentecostés, es
el día de la Caballada. Pues nervios, ducha, besos y a por el caballo. Ten cuidado, qué mal te has
afeitado, son los nervios, date crema que va a hacer mucho sol. Dame otro beso,
eso sin ir a la guerra. Pues toca un caballo regular, Pepe de la Fuente me lo cambia y arreglado.

Acudimos los hermanos a la casa
del prioste. Ha dispuesto la suerte que la bandera de la Caballada luzca de manera cadenciosa de belleza frente al campanario de
san Bartolomé, como en una postal de lugar de encuentro para los amantes del
arte románico, campanas de bronce y la bandera de la Caballada como precedente
de la ikurriña. Mismos colores los mismos colores, pero ochocientos años antes

Pues montamos a caballo, a la voz
del manda. El manda este años es Modesto
Hernando Hijes, hijo de Modesto Hernando, el Maya, hermano de leche de mi madre
y admirador, sin ser cofrade, de la noble Cofradía.
Resulta que a Antonio Somolinos,
el manda de siempre, la ha dado una
ciática que le impide acompañar los actos.La aciática que decimos en los pueblos se ha cebado con
la buenísima persona que es Antonio, ha ocupado su lugar Modesto, y nosotros nos hemos emocionado al pasar al
lado de Antonio con nuestros caballos y sus lágrimas eran nuestras, su cara era
un poema de pena y de cariño. Gente noble de la antigua Castilla.
Antonio debe saber que Modesto,
su vecino y amigo de toda la vida, la ha suplido con estilo, clase, eficacia y
un sentido del humor que fue algo genial. Modesto joven, gracias.
Discurren los actos de la Caballada con el entorno
envidiable de Atienza, la luz de la mañana en amarillo que se refleja en la
peña del castillo. La dulzaina y el
tambor que acompasa el trocotroc pausado de los caballos en el empedrado, Las
capas y sombreros de los caballeros, las capas que a pesar de su amplitud, sin pesar , no ocultan la belleza de los bordados de las
chaquetillas y vamos bajando después de recoger al Abad por la ruta habitual,
la cuesta de los Yesares, el Alcayate a la derecha, el Hocino a lo lejos a la izquierda
y en medio de esas referencias la ermita de la Estrella. Que es bonita, que
en su estilo manierista recuerda algo de
su inicial estilo románico, poco, pero
algo y dentro la imagen de la
Virgen a la que vamos a encontrar.
Llegamos disciplinados ya a caballo, desmontamos a la voz del manda y,
dejamos capas y sombreros y qué
ocurrencia, nos confesamos veinte de los treinta y tres hermanos que hemos
cabalgado.
La procesión de la preciosa
imagen barroca de la Virgen se para en tramos para
conseguir el honor de portar a la Señora de la Caballada, y suben los
banzos, los maneros de llevar a la imagen un promedio de ciento veinte euros
por alzada.

Tras la procesión, la misa ve
repleta la ermita de fieles, que no caben, larga la colecta, la comunión y
luego tras la misa se subastan las roscas. Como
ha acudido mucha gente se da muy bien.

Honran a la Cofradía la presencia de
las autoridades locales, la
Consejera de Cultura, Soledad Herreros, la Delegada Riansares
Serrano y el presidente de la Asociación de Amigos del Archivo Provincial,
Manuel Martín, así como el alcalde de Sigüenza y diputado provincial, Fran
Domingo.
Tras el remate de las roscas la Virgen se sonríe con los
bailes de los hermanos. La jota castellana se torna homenaje a la Estrella de los mares que aquí son verdes oleajes de tallos verdes
de trigo y cebada, el mar de de los campos de Atienza.
Suena un campanillo, es el del
trago de la bandera. Magnífica escusa para compartir un trago de vino y hacer
pelillos a la mar de las escasas diferencias entre los hermanos.
Comemos los cofrades un asado, ay
que rico, mientras las familias y acompañantes se dispersan en los corros por
las praderas cercanas para igual cometido.
Tras la comida, se hace lo que sería Junta General, cordial y respetuosa de la que se
deriva fundamentalmente la noticia de que Álvaro Fuentes como prioste y Miguel Ángel Fuentes, su padre, como mayordomo, serán
los inmediatos responsables del día a día de la Cofradía. Aplauso cerrado, más
que una firma.
Pues más bailes en honor a
Patrona, y a eso de las seis de la tarde, otra vez la salve estruendosa de despedida,
los caballos montados a la voz
del manda, rezos en las peñas de la bandera y en el recorrer por las calles, camino de la Corredera, en el Camino
de las Cuevas, un acompasado eco de los cascos devuelto por las paredes
milenarias de la Atienza
monumento nacional, y una luz que poco a poco se va echando en el sueño de la
tarde.
Las carreras son limpias, los
aplausos incondicionales. Uno no sabe montar y no corre, por tanto, pero al
llegar a la somailla que inicia el recorrido de las carreras, el caballo que me
lleva, al oir los aplausos, quiere, manifiesta una clara intención de correr, se arranca y no
se qué pericia desconocida logra frenar sus ímpetus. Se lo dejo, al seis Félix
Arias y jolín cómo corre el precioso
animal.
Volvemos con la paz al final de
la carrera y en la plaza del Trigo El abad de siempre, don Agustín nos obsequia
con limonada, qué rica, la sirven entre otros Aurelio, Agustín, Juan Manuel,
Carlos el hermano abad que se ha arreado dos o tres carreras, y luego vamos a casa del Prioste, a despedir
las emociones. Quiere el sol, que se acuesta que san Bartolomé sea el escenario final y medieval de una
jornada de ochocientos cuarenta y siete
años de historia, arriba, el castillo presta el farallón de la roca donde se
asienta como trasfondo de una más que rocosa constancia. Despedimos la Caballada un año
más en una Atienza vivero de
sentimientos.
Juan Je Asenjo
Fotos:Manolo Martín y Juan Je